
Hoy hablaremos de un tema que despierta mucha curiosidad: los libros perdidos de la Sagrada Escritura, es decir, libros que existieron o fueron mencionados, pero que ya no se conservan o no llegaron hasta nosotros.
Antes de continuar, hago una invitación muy importante:
Si no has visto las 22 lecciones anteriores, por favor hazlo. Este curso está diseñado para llevarse en orden. De lo contrario, es normal quedarse con dudas o hacer preguntas que ya fueron explicadas ampliamente en lecciones pasadas.
Tipos de libros relacionados con la Biblia
En la fe católica reconocemos tres grandes categorías:
- Libros canónicos:
Los inspirados por el Espíritu Santo, aceptados por la Iglesia (46 del Antiguo Testamento y todos los del Nuevo). - Libros apócrifos:
Libros que existen, pero que no fueron reconocidos como inspirados. - Libros perdidos:
Textos que sabemos que existieron, porque la misma Biblia los menciona, pero ya no los tenemos.
Hoy nos enfocaremos en estos últimos.
¿Es posible que se hayan perdido libros inspirados?
Esta es una pregunta frecuente:
¿Pudo haberse perdido algún libro que era inspirado por Dios?
La respuesta es sí, es posible.
La Biblia misma da testimonio de la existencia de libros que hoy no conservamos.
Para entenderlo mejor, recordemos que la Biblia no es un solo libro, sino una colección de libros. La palabra Biblia viene de biblos, que significa conjunto de libros.
Durante los primeros siglos, estos libros no estaban encuadernados como hoy. Eran rollos, copias manuscritas, de distintos tamaños y orígenes. Muchos se perdieron por el paso del tiempo, guerras, descuidos o falta de medios para conservarlos.
El discernimiento de la Iglesia
En el año 393, en el Concilio de Hipona, donde fue obispo San Agustín, la Iglesia —guiada por el Espíritu Santo— estudió cuidadosamente los libros existentes para discernir cuáles eran verdaderamente inspirados.
Se tomaron en cuenta criterios como:
- Coherencia doctrinal
- Origen apostólico
- Contenido fiel a la fe
- Uso litúrgico en las comunidades cristianas
Gracias a ese discernimiento hoy tenemos la Biblia tal como la conocemos.
Libros perdidos del Antiguo Testamento
La misma Escritura menciona libros que ya no existen.
Un ejemplo claro está en 1 Crónicas 29,29:
“Los hechos del rey David, desde los primeros hasta los últimos, están escritos en el libro del vidente Samuel, en el libro del profeta Natán y en el libro del vidente Gad”.
Estos libros no existen hoy. Se perdieron.
No porque no fueran importantes, sino porque en aquella época no había imprentas, el material era frágil y las copias eran costosas y escasas.
Libros perdidos del Nuevo Testamento
También en el Nuevo Testamento encontramos referencias claras a escritos que ya no poseemos.
📌 La carta a los Laodicenses
En Colosenses 4,16, San Pablo dice:
“Cuando se lea esta carta entre ustedes, hagan que también se lea en la iglesia de Laodicea, y consigan ustedes la que se les envió a ellos”.
Esa carta no la tenemos. Está perdida.
📌 Una carta anterior a los Corintios
En 1 Corintios 5,9, San Pablo escribe:
“En mi carta anterior les decía que no tuvieran trato con personas de mala conducta…”.
Esto significa que existió una carta previa, hoy desaparecida.
Por lo tanto, San Pablo no escribió solo dos cartas a los Corintios, sino al menos tres.
¿Podrían añadirse si aparecieran?
Si algún día aparecieran estos escritos, la Iglesia tendría que analizarlos cuidadosamente.
Solo si se comprobara su autenticidad y su inspiración divina, podrían considerarse para el canon. Pero aun así, no serían necesarios, porque:
La revelación escrita se cerró con la muerte del último apóstol, San Juan, alrededor del año 100 d.C.