
En esta sesión también hablaremos brevemente de los llamados libros perdidos, textos que existieron, fueron mencionados o circularon en ciertos momentos de la historia, pero que no forman parte de la Sagrada Escritura.
Antes de comenzar, quiero hacer una invitación muy importante. Si es la primera vez que participas en estas lecciones y no has visto las 21 anteriores, te animo con cariño a que regreses al inicio. Este curso está pensado para llevarse en orden, paso a paso. Muchas de las dudas y preguntas que surgen se aclaran cuando recorremos juntos toda la historia que existió antes de que la Biblia llegara a nosotros tal como la tenemos hoy.
¿Qué significa “apócrifo”?
En la lección anterior explicamos que la palabra apócrifo se utiliza para designar libros que no están incluidos en el canon bíblico, es decir, que no forman parte oficialmente de la Sagrada Escritura.
Esto no significa que sean libros prohibidos ni que no puedan leerse. De hecho, gracias a la Iglesia Católica muchos de estos textos se conservaron y llegaron hasta nosotros. La Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, fue la encargada de discernir qué libros fueron inspirados por Dios y cuáles no.
Libros apócrifos del Antiguo Testamento
Entre los más conocidos encontramos:
- El Libro de Enoc, personaje bíblico del que se dice que “caminó con Dios y desapareció”. Su misteriosa vida dio origen a muchos escritos y leyendas.
- El Libro de los Jubileos, también llamado Pequeño Génesis, que amplía y embellece relatos del Génesis, pero sin inspiración divina.
- El tercer y cuarto libro de los Macabeos, con relatos y reflexiones filosóficas no aceptadas en el canon.
- La Oración de Manasés, un hermoso salmo penitencial que no fue incluido entre los 150 salmos bíblicos.
- El tercer y cuarto libro de Esdras, escritos posteriores al Antiguo Testamento, con interpretaciones y exhortaciones apocalípticas.
- Los Salmos de Salomón, 18 salmos adicionales que no forman parte del Salterio bíblico.
Estos libros existieron, circularon y fueron conocidos, pero nunca fueron reconocidos como inspirados.
Su valor histórico y espiritual
Como señala el padre Agustín Petrocelli:
“Aunque los libros apócrifos no son inspirados, tienen gran valor literario, histórico y cultural, y ayudan a comprender mejor el contexto bíblico”.
Es decir, no son Palabra de Dios, pero sí aportan elementos que nos ayudan a entender mejor la época, la mentalidad y algunas tradiciones del pueblo bíblico.
Libros apócrifos del Nuevo Testamento
Aquí el interés es aún mayor para nosotros como cristianos. Además de los cuatro evangelios canónicos, surgieron muchos otros escritos atribuidos falsamente a apóstoles o a la Virgen María.
Entre los más conocidos están:
- El Evangelio de Tomás
- El Evangelio de los Hebreos
- El Evangelio de Pedro
- El Protoevangelio de Santiago, muy influyente en la piedad popular, especialmente sobre la infancia de Jesús y la Virgen María.
- El libro de la Asunción de María
- Supuestas cartas de Jesús o de los apóstoles
- La llamada tercera carta de San Pablo a los Corintios
Estos escritos intentaban llenar vacíos, explicar detalles no narrados en los evangelios canónicos o presentar enseñanzas particulares, pero no fueron reconocidos como inspirados.
La autoridad de la Iglesia
Con la autoridad que Cristo dio a Pedro —“lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo”— la Iglesia tuvo el derecho y el deber de discernir qué libros eran inspirados por Dios y cuáles no.
Gracias a este discernimiento hoy tenemos una Biblia segura, coherente y fiel al mensaje de salvación.